Tejiendo puntillas de neblina – Alejandra Frías

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Claude Monet

Londres, Parlamento. “Sol a través de la niebla” – 1904

Musée d´Orsay – Paris

TEJIENDO PUNTILLAS DE NEBLINA

Mientras las mujeres

se gastan las pupilas

tejiendo puntillas de neblina,

desde el lomo de los puentes,

los chicos se zambullen

en la basura del canal.

Oliverio Girondo

Lic Alejandra P. Frías, Psicoanalista

Cuando se me propuso publicar un recorte clínico, me detuve a pensar en algunos escritos anteriores y  re- descubrí algunos conceptos de esos que se
graban a un primer golpe de vista. Lo que quedaba por hacer ahora era cómo darle un corte teórico-literario. Cómo transformaba lo escuchado en texto.

Ahí pensé con el Dr Nasio cuando dice, que uno no escribe ni presenta cualquier “caso”. Recordé a don Sigmund, el maestro, y sus famosos historiales clínicos modificados, metamorfoseados para preservar el secreto profesional, la historia individual, la novela familiar de un paciente. Sin que por ello pierda  rigor científico.

Tejiendo puntillas de neblinas nació a partir de una escucha en análisis, en ese trabajo en el que los analistas andamos con las orejas puestas, y aún cuando el relieve y la relevancia la da el significante enunciado por el paciente, el analista tiene su propio patrón de selección y  sustrae de la historia “aquello” que quiere dar a conocer en la comunidad en la que se mueve. Pero copiaré colegas, copiaré…la mente es débil no podré abstraerme al copio y pego de la época, es muy interesante la tríada que enuncia el Dr Nasio de lo que me quedo repiqueteando acerca de “¿qué es un caso? Un caso es una ficción en tanto como analistas inevitablemente recordamos a través de un filtro de la vivencia como terapeutas, la recordamos desde la hipótesis que queremos validar y según la teoría que
queremos sostener con ese recorte.   Es así como un caso clínico  resulta de una diferencia entre lo real de donde surgió y el relato del cual cobra forma. De una experiencia verdadera, extraemos una ficción, a través  de esta ficción, inducimos enel  lector, efectos reales.”

Un caso es  un fragmento de la historia de un analizando con el que hicimos una especie de pacto y delineamos sobre él, esas tres funciones que nos enriquecen y nos hacen seguir a ese objeto causa de escritura e investigación: didáctica, metafórica y heurística…el caso es una ficción.

Que se levante el telón pues…

Ella, llega al consultorio con un motivo de consulta más que cristalizado, había sido abusada por su padre a los siete años aproximadamente y de no ser porque
dos  de sus familiares directos , contaron en esos meses que su padre también había abusado de ellos, nunca habría “despertado” de lo que ella había dado en llamar una ensoñación.

El velo envolvía otro motivo más punzante y más urgente que exacerbaba la angustia de los episodios actuales, éstos  se habían encargado de hacer que regrese a esa niña engañada y abandonada….temía que su marido  la engañara con otra mujer y que estuviera pronto a  pedirle el divorcio Hija mayor de cuatro hermanos, única universitaria. Alejada del seno familiar ante el nacimiento de su hermana durante 4 meses.

”Para no contagiarse de un infección que padecía la recién nacida”,  son datos que hacen que reedite una y otra vez sombras de abandono y desamparo provenientes de una madre poco tierna con la que lucha hasta hoy  en una relación complejamente dividida entre  deudas y castigos.

Se había criado con exigencias  por ser la hija mayor y por tener una familia  de rígidas conductas y costumbres, acordes a la educación de la época. Tan común, como nociva y propicia para la aparición de un abanico de síntomas que perduraron a lo largo de su historia, poniendo muchas veces en riesgo su vida,  sin tener claro que eran originados por su dolor psíquico, su voz estrangulada, su secreto escrito en el cuerpo de niña.
Que aun gritaba.

Una madre dominante y manipuladora, un padre silencioso y sumiso en apariencias. Sus hermanos con muchas dificultades para socializarse, demostrar afectos y establecerse financieramente, cosa que “no perdonan a su marido que de ser un muchachito de la calle abandonado y sin futuro como decía su madre, paso a ser un exitoso empresario”. Al momento del recorte clínico  los hermanos  se mantenían alejados luego de conocer los episodios de abuso, decían que no valía la pena, después de tantos años, hablar del tema.

M . podría recitar  tomando las palabras de Benedetti…“Quizá fue una hecatombe de esperanzas, un derrumbe de algún modo previsto, ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido, todas mis intuiciones se asomaron, para verme sufrir ,y por cierto me vieron “

… podría decir…ay…cómo desearía reposar en los brazos de mis hermanos quienes ante dicha noticia honrarían mi nombre y se me haría menos ardua la tarea de  sostenerme en éste descubrimiento sabido desde años sin querer saberlo…o cobijarme en mi madre que  ahora sí cree en mi palabra…pero no…Cuando M.
llega al consultorio, se la nota arrasada, por el impacto de corroborar que lo que mantuvo entre sueños durante largos años  había marcado su historia en todos sus aspectos. El efecto que había causado en su vida matrimonial era de angustia, tristeza y falta de demostración afectiva fundamentalmente, rasgo que se  extendía en el contacto con sus hijos.

La relación con su marido hace años está devaluada y eso la desespera, dice que en la crianza de sus dos primeros hijos fueron compañeros y tenían una modalidad simbiótica, en cambio con los dos últimos se sintió muy sola.

Coincidieron esos años, con la compra de la primera casa, cambio de trabajos de ella y del marido, alejamiento de la familia de origen  por haber   abandonado
el templo donde todos comulgaban el mismo rigor del dogma. Dogma que por otro lado la dejaban presa de  culpas y castigos, perdones obligados y silencios ensordecedores acerca de los episodios de su historia.

El abandono del templo crea distancias entre ella y su marido ya que  nunca pudo hacer una vida social que la satisficiera, no sabía cómo. Se dedico a su casa, a sus hijos y a largas horas de angustia que enfermaban su cuerpo y destemplaban su ánimo. Todas condiciones que su marido recriminaba por sentirla alejada y sin deseos.

Todo parece haberse desmoronado, muchas variables se entrecruzaron formando un destino
siniestro en la psiquis de M.

La búsqueda del amparo en unos brazos protectores no fue encontrada. Muy por el contrario: un espejo vacuo la arroja allí, en un siniestro que nunca es esperable para la vida de un niño. La imagen fragmentada en otros tiempos constituida en sus primeros lazos, se reedita en un marco donde aristas y fragmentos sustituirán la unicidad que un ser necesita para simbolizar lo posible.

Es en los movimientos lógicos de la ‘alienación – separación’ que el ser se constituye y para que ello advenga es condición la creencia en el otro que sostenga.
“Creencia, entonces, para no sucumbir al desamparo”. Ser separado de lo que aliena, ser arrojado al mundo en esa operación de corte, tornándose esa pérdida, ese pedazo de carne, desprendida de su ser perdida y como pérdida causa.

 

M. quedó arrasada, no hubo un buen pasaje, no hubo separación procuradora, se sintió abandonada, expulsada.  La experiencia de ser alejada de su seno familiar al nacer su hermana, la marcan para siempre jamás, entre la competencia y el abandono. Escena tras escena sumaron motivos para que ese espejo siga con un brillo que enceguecerá su vida.

 

Los síntomas que acompañaron a M. dan cuenta de un real que toca el cuerpo, no simbolizado, actos forclusivos que desordenaron el funcionamiento de una máquina que podría ser perfecta, pero que conteniendo en su interior historias de abuso y violencia, violentan su cuerpo dañando en un perfecto círculo, el adentro y el afuera; un adentro de órganos y un afuera de vínculos.

La ensoñación la mantiene en un incesante suspenso, impasse que no deja de no insistir, casi renegatoriamente.

La neurosis, siempre infantil, se muestra en la crudeza del momento traumático, seducción mediante, diría Freud, en tanto posición pasiva,  no sintió culpa pero luego se vuelve en su contra desde un desarrollo moral que la condena. Paga con esos pedazos de cuerpo, donde se instalan más tarde sus síntomas, la deuda que nunca ha sido saldada.

 Violada en su intimidad, arrebatada en la inocencia de su niñez, se opaca, se pierde en juicios, preguntas y justificaciones que le llevan vida. Su vida anclada en las redes del deseo del Otro (el padre, la madre), configuran sus fantasmas impidiendo que la plenitud de Eros toque su historia.

La religión sirve de escudo imaginario donde un dios inexistente ocupa el lugar, vía sumisión, de protección y cuidado. Lugar que ese padre imperturbable, allí donde debería haber estado, es sustituido por  ese dios que adviene, para mitigar su angustia y desamparo. La creencia religiosa pone un velo a lo real.

 

“Ser deudor y culpable, es el precio que paga  para sortear el desamparo original”. Un deber ser imperativo, sesga su historia de culpa y reproches. Confesando goces y sombras a un Dios escuchador de pecados, creencia que masifica a veces hasta el misticismo delirante. M. se sostuvo en la fe, al salir de ese encuadre que la sostenía perdió pié, volvió a estar fundida a la nada de su soledad.

*

Son muchas las preguntas que surgen en este enlace de: sexualidad, culpa, religión y muerte.

Cómo acompañar  a M. de la manera más prudente y rigurosa en tanto su estructura es endeble aún, se pierde, no quiere tener que saber, se le mezclan los
ideales de una familia con lo que tiene en su cotidianeidad. Su yo dice: “Esto no tiene remedio”, pero aún así la vida debe continuar, pero cómo, sin que
su cuerpo enferme,  sin que su marido la abandone.

“¿Qué se hace en estas situaciones? ¿Se perdona? ¿Cómo se vive con esto? Yo no quiero hacer seguir haciendo como si nada pasara, pero no sé si me bancaré no verlos más.

Mis padres son mayores, si les pasa algo creo que no se me va a ir la culpa nunca más. Si ellos se enferman, yo no los dejaría tirados, la verdad no sé qué hacer. Creo que si yo no espero nada de ellos, podemos encontrarnos de vez en cuando, por lo menos para que mis hijos no sientan que quedaron aislados del mundo. Al final yo soy la víctima y quedo excluida. Mi padre nunca se acercó, no hizo nada, no llamó, no pidió perdón. Mi madre  sigue recriminándome porque no hablé antes, no me cree.

Yo sé que estoy escapando de encontrarlos. Parece como si ellos me estuvieran dando tiempo a que se me pase, como si fuera un capricho”.

*

Solo se le anuncia que se la acompañará en la decisión que tome. Que sería conveniente que centre las preguntas en ella. Que ya inició un camino haciendo escuchar su voz, por lo que ella va eligiendo tímidamente. Que el rompecabezas, como ella lo llama, se va a ir reconstruyendo hasta donde ella decida.

Actualmente se encuentra en esta instancia, no sabe cómo va seguir, pero va transitando con más calma esta construcción desordenada que va desandado para volver a inscribir.

Sigue indagándose acerca de qué y cómo hacer. Se cuestiona y se enoja por primera vez con su madre, se aleja, se abstiene de sus opiniones, duda acerca de si ella participó como cómplice y a la vez la justifica: “Ella estaba todo el tiempo ocupada “. Se culpabiliza por no haber visto lo que su padre hizo con sus familiares cercanos durante tantos años, siendo ella mayor. A la vez homologa su mirada de niña a la no mirada de su madre, justificándola.

.

*

¿Cómo hacer posible que advenga sujeto que se implique en un cuerpo por la palabra, sellando un contrato que forja su destino con el Otro? Estamos aún en los
inicios, nos tomará tiempo llegar a horadar, a que sienta el poder de su existencia, a que el saber acerca de la finitud no sea clausura sino inicio. “ … Cada vez que uno se abstiene verdaderamente a morir, resulta de eso un verdadero nacimiento, tanto más precario y doloroso en cuanto se emerge de las tinieblas sin otra madre que uno mismo, sin otra contracción que una voluntad que no siempre se alcanza a comprender muy bien”. (Dice Cortazar)
A  que siga transitando por la vía de la culpa a la responsabilidad, y que las preguntas acerca de su ser gozoso abra a más preguntas, que la lleven a simbolizar su historia.

Podría decirse que el rumbo de su neurosis vira cuando troca síntomas  por transferencia,  con la constitución de sujeto supuesto saber, atravesando la entrada y dando lugar a la apertura del inconsciente, simbolizando lo posible, haciendo letra, danzando palabras. O como dice el Dr. Nasio “el esquema del análisis, madurado largamente, llega a convertirse, en el instante de la escucha en una escena de gran nitidez”.

En el momento que uno de sus hijos se accidenta y ella no reacciona con su cuerpo de manera “loca” sino que se da cuenta a posteriori que dejó de repetir
cuando  puede hacer confianza en un vínculo otro que no la endeuda ni la culpabiliza  y llama a su analista.

Los nuevos tiempos de construcción van modificando poco a poco como  una pieza de fino engranaje la relación con su marido, la comunicación con sus
hijos. Pone en juego su seducción con menos pudor y temor. Se libera de rigideces en la medida que puede ir tomando distancia de su familia de origen.
Sus fantasías de ser engañada por su esposo fluctúan coincidentemente con la aparición de la confianza en sus propios anhelos, deseos, demandas. Ya no se
siente esa niña seducida y abandonada en las sombras de la  culpa y la vergüenza. Hay un  hombre al que eligió como marido y la eligió como esposa, ella intenta hoy hacer lo posible para despejar los avatares de su historia  infantil para sostener ese pacto y ser  lo suficientemente feliz por vivir.


La fantasía  imaginada es la aparición en el espíritu del analista de lo reprimido en el paciente”

¿Será una nueva creencia? El psicoanálisis no es cuestión de creencias ni de fe, perosi podemos dar cuenta de cómo pueden deconstruirse las envolturas de los goces ancladas en la demanda del otro, y así dar lugar a  sentir la brisa de nuevos estrenos de  historias reescritas con tintas aguadas y no indelebles  como en otros tiempos más míticos…

 

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Bibliografía:

Seminario:
“Deuda, culpabilidad y duelo”,  Dra. Ana María Gómez.

Julio Cortazar: “Los autonautas de la cosmopista”.

Oliverio Girando: “Chioggia”.

Mario Benedetti :“La culpa es de uno  “

Silvia Bermúdez. Psicoanalista: “Creencia en el otro”.

Juan David Nasio: “Los más famosos casos de psicosis”

(*) Presentación
realizada en el marco de un  grupo clínico integrado por colegas psicoanalistas que participan de las actividades de Grupos Clínicos de Buenos Aires.

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