Orestes y Pílades – Lectura sugerida para el seminario “El Psicoanálisis y los 7 “pecados” capitales” Miércoles 27 de junio

Print Friendly

 

Agamenón, rey de Argos, era hijo de Plisteno, que lo era de Atreo (otros dicen que su hermano), por lo cual Agamenón y su hermano Menelao fueron denominados los Atridas. Casó con Clitemnestra, hija del rey de Esparta, y fue uno de los generales de los griegos en el sitio de Troya. Tuvo allí una célebre desavenencia con Aquiles por una esclava, denominada Briseida. Al ir hacia allá estuvo la expedición detenida en Táuride, a causa de los vientos contrarios, y para obtenerlos propicios intentó sacrificar a su propia hija Ifigenia a Minerva; pero en el momento de consumarse el sacrificio, esta diosa la arrebató, sustituyendo en su lugar una cierva. Vuelto a su reino después del sitio de Troya, fue muerto a manos de su mujer y de Egisto, amante de ésta.

Su hijo Orestes vengó el asesinato de su padre, matando, no sólo a Egisto sino también a su madre. Entonces las Furias, con las que han querido significar en esta ocasión los remordimientos, empezaron a perseguirle despiadadamente con encendidas teas en sus manos. Había sido Orestes educado por su tío Estrofio, rey de Fócida, con su primo Pílades, con el que contrajo tan tierna amistad, que fueron inseparables, quedando aquélla como proverbial. Fuese con éste a Atenas para someterse al juicio del Areópago famoso tribunal así llamado porque la primera causa que juzgó fue la de Marte (también llamado Ares), acusado por Neptuno de haber dado muerte a Alirocio, hijo de este dios, que para vengar a su padre del triunfo que sobre él había logrado Minerva al crear el olivo, se propuso cortar todos los de la campiña de Atenas. Fue Orestes absuelto por haberse interesado Minerva en su favor, pero no por eso dejaron las Furias de atormentarlo.

Consultó con el oráculo de Delfos, que le dijo que fuese al Quersoneso, en Táurida, hoy día llamado la Crimea, y que trajese de allí la estatua de Minerva, que se adoraba en su templo. Trasladóse allí con su amigo Pílades; fueron presos por aquellos habitantes, que determinaron que uno de los dos fuese sacrificado. Entonces acaeció la famosa porfía en que cada cual quiso morir para salvar al amigo que amaba. Afortunadamente, Ifigenia, a quien Minerva había llevado allí y establecido en su templo por sacerdotisa, reconoció a su hermano y valiéndose tanto de su influencia como de engaños, pudo salvar a ambos, recoger la estatua de Minerva y huir con ellos llevándosela.

 

Orestes reinó entonces pacíficamente en Argos, y casó con Hermíone, hija de su tío Menelao y de la bella Elena su mujer. Casó también a Pílades con una de sus hermanas, llamada Electra. Ésta había sido forzada por su madre y por Egisto, su amante, a casarse con un hombre oscuro, pero tan honrado,  que hizo un casamiento fingido con tal de proteger y amparar a la perseguida princesa, que devolvió con respeto a su hermano Orestes tan luego como volvió a subir al trono, y os refiero este hecho, niños míos, porque si bien en la fábula y en la historia griega abundan hechos heroicos, son muy escasos los generosos y delicados, como es consiguiente en almas e imaginaciones que carecen de la alta y noble cultura del cristianismo.

 

Orestes, en un viaje que hizo a Arcadia, murió de resultas de la mordedura de una serpiente, a los noventa años de edad, después de haber reinado setenta.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*