“Le bouquet de l´amour” – Traducción simultánea de Ana María Gómez

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JUAN DAVID NASIO Y “EL RAMILLETE DEL AMOR”
TRADUCCIÓN: ANA MARÍA GÓMEZ
NOTA: Se sugiere imprimir este texto y con él ir siguiendo el video publicado anteriormente. Gracias!
¡Buen día!
Hoy, yo querría demostrarles que el amor es un ramillete; el amor es un compuesto de sentimientos, es un ramillete de sentimientos.
Seguramente todos Ustedes me dirán, todos nos lo decimos y desde los comienzos de la Humanidad, desde Platón y antes tmbién, que el amor es un misterio. Y es necesario preservar el misterio pero eso no me impide proponerles una aproximación, la aproximación que les dice que el amor es un ramillete.
Y he preparado hojas, más bien flores, precisamente, y un vaso, aquí, donde voy a poner una a una cada una de las varas que componen el amor.
La primera vara que voy a poner es la más importante, es importante que lo diga inmediatamente, es la más importante: es el cuerpo, el sexo.
Amo a aquel a quien mi cuerpo desea su cuerpo.
Primera vara.
Segunda vara: lo que yo amo no es la persona de mi amado, es un ser híbrido.
Es una persona compuesta de una parte real tal cual es, tal cual es sin duda, pero también el ser como lo he creado en mi imaginación.
Amo a un ser tal cual es pero también amo a quien he inventado.
Sin embargo mi amado es aquel que debo aceptar tal como es. No es necesario que quiera cambiarlo. Seguramente tenemos la potencia de cambiarlo, es normal en este complejo, pero es necesario saber que yo debo aceptarlo tal cual es, sin forzarlo, no es necesario forzar el cambio.
Segunda vara: entonces, un ser híbrido creado por mi. Tal cual es y creado por mi.
Tercera vara del ramillete del amor: yo amo a quien admiro.
Es necesario admirar. ¿Recuerdan “El taburete de cuatro patas”? (Nota: otro video difundido en francés) Una de las patas del taburete de la pareja era admirar a mi partenaire. Es necesario que haya admiración cualquiera sea el motivo de la admiración.
Entonces tercera vara; amo a quien admiro.
Cuarta vara; amo a quien es un poco yo mismo.
Es por eso que todo amor es narcisista. Yo no puedo amar a alguien que es completamente extraño a mi mismo. Es necesario que haya cosas en él que me hagan sentir que es un par mío. Es un poco yo mismo, hasta se me asemeja. Si, si. Y si Ustedes toman una pareja que vive desde hace cuarenta o cincuenta años, que viven juntos, hasta se van a sorprender que hasta en la cara se asemejan. ¡ Es impresionante! No se explicarlo. Se constata. Lo constato en mi consultorio.
Entonces, una, dos, tres, cuarta vara: amo a alguien que es un poco yo mismo.
Pero yo amo también a quien me promete hacerme feliz.
Si, es necesario que sea inocente y acepte que quiero estar con él porque aunque no me dice “Yo te prometo hacerte feliz”, él me hace feliz. Y yo le creo y estoy con él todo el tiempo pensando que me va a hacerme feliz. Y él me hace feliz, no siempre. Si, como si en mi hubiese una inocencia de base, constitutiva, constitutiva del ser, una inocencia visceral, que me hace pensar que él me va a hacer feliz y por eso yo prosigo, voy detrás de él.
Entonces, quinta vara, yo amo a aquél que me promete hacerme feliz.
Sexta vara: yo amo a aquél que me hace feliz, cuando me hace feliz, que me hace feliz de ser yo mismo. Y a veces desdichado de ser yo mismo.
A veces yo me digo: “Ah, él me hace bien, me hace sentir bien, yo no estoy mal conmigo mismo!” Y a veces me dice cosas, me hace cosas, o yo le hago cosas, que me hacen sentir desdichado de ser yo mismo. Yo me digo: “Yo soy bestia, qué bestia!”
Es como un centro de confrontación permanente con él y con los sentimientos de sentirme feliz de esta manera. ¡Atención!: no es feliz en general, es feliz de ser yo y desdichado de ser yo.
Entonces: sexta vara, feliz de ser yo mismo, desdichado por ser yo mismo.
Séptima vara: amo a aquél que, alternativamente, me satisface o no me satisface.
Es casi del orden de la necesidad, casi como les decía al inicio a propósito del cuerpo. Me satisface, estoy contento con él. Mi cuerpo está contento con él, no sólo a nivel sexual, general. El me satisface y yo estoy contento, y a veces no me satisface y no estoy contento. Estoy frustrado. El me frustra.
Entonces, séptima vara.
Vamos a la octava vara: Yo amo a aquél – ¡atención! – del cual me sentiré culpable si le hago mal.
Supongan que Ustedes están con alguien y se preguntarán: “¿Estoy o no enamorado de él?”
Es una pregunta que me hacen muchos pacientes. Me dicen: “Doctor, yo creo que no estoy enamorado” y hay otros que dicen: “Sí, yo estoy enamorado!
“Pero, de hecho, Usted sabe Dr. Nasio: no se si estoy enamorado”
¿Cómo saber si uno está enamorado? Están todos los puntos, las varas, que yo les he dicho.
Pero hay una vara en particular que es si Usted se siente culpable de haberle causado daño o de haber creído que le ha hecho daño. Eso, la culpabilidad, es un signo incontestable de que yo amo a aquel a quien puedo hacerle daño.
Entonces, octava vara.
Novena vara: amo a aquél a quien cuido. Ustedes saben, es el sentimiento de solicitud. El sentimiento de solicitud es el sentimiento de ir hacia el otro, cuidar del otro, ocuparse del otro, que está enfermo, que está débil, que tiene un problema por su trabajo, y yo por ello soy tocado profundamente, que es normal, poco importa pero que yo soy tocado profundamente y que tengo anhelos de ocuparme de él, de hacer lo necesario para que esté mejor, se cuide. Y seguramente: amar es también sentir que el otro se ocupe de mi, que el otro me cuide de mis debilidades, o cuando yo estoy débil que el otro me cuide.
Entonces: novena vara, cuidar del otro.
Luego, décima vara. Yo amo a quien me escucha, que escucha mis quejas, y que me reasegura y que me dice “No es grave” y que me dice “Lo vas a lograr” y que me dice “Tú tienes recursos necesarios”, “Tú tienes los recursos, tú eres valioso, tú lo vas a lograr, no temas nada”. Y en la medida en que escucha mis quejas me reasegura, y que tiene la paciencia de escucharme y yo tengo la confianza de que él me escuche. Y la inversa es verdad. Ustedes saben que en pareja, la reciprocidad es un gran contrato. Es decir que a veces soy yo quien tiene la paciencia y que el otro se queja y es necesario escucharlo, No es siempre fácil escuchar que el otro se queje y a veces no se sabe reasegurarlo, no se tienen las palabras que hacen falta.
Cállese Usted, en ese momento, no diga nada, esté a su lado, mírele, esté listo para hacerle sentir que Usted entiende su queja, su sufrimiento, su preocupación, y que aunque no diga nada, Usted a su lado. Y hasta hacerle ver vuestro rostro. Si no encuentra buenas palabras, eso no es malo. Eso que siente en Usted va a aparecer en esa ventana de la conciencia que es el rostro.
Entonces estamos en vara: paciencia y confianza.
La última vara es la más cotidiana. Es un sentimiento que compone el amor: es el miedo.
Encuentro que hay un buen miedo y un miedo malo.
A menudo estamos pensando tanto en la psicopatología que todos los miedos serían malos; ¡no! Hay miedos sanos. Sobre todo en el niño, en el adolescente, en el adulto, en el amor.
¿Qué es el temor sano? Es el temor de que me abandone. Es el miedo a que me abandone. No es necesario que ese miedo invada mi vida, pero es necesario que esté presente. Por ejemplo: es necesario que no haga bestialidades porque tengo miedo que me abandone. Si, tengo miedo a que me abandone.
Entonces ese miedo nos permite ajustar, regular, la relación que tengo con él.
Recuerden Ustedes otro componente de este ramillete del amor, el último que les propongo que es el miedo.
En una palabra, resumiendo nuestro ramillete del amor, cada una de estas varas,
La primera es aquél a quien deseo sexualmente.
Yo amo a un ser que es híbrido, mezcla de real y de imaginario.
Yo amo a quien admiro – admiración.
Yo amo a quien es un poco yo mismo – narcisismo.
Yo amo a quien me promete hacerme feliz. Es mi inocencia , yo amo a aquel que me torna inocente y por lo cual yo estoy orgulloso de ser inocente, no me perturba mi inocencia.
Sexto punto: yo amo a aquél que a veces me hace feliz y a veces desdichado de ser yo mismo.
En fin a aquél que me da satisfacciones y a veces me frustra.
Aquél por quien yo siento agresividad, yo puedo hacerle mal, pero me siento culpable.
Aquél a quien cuido, quien me protege y a quien protejo.
Y, finalmente, a aquél de quien escucho sus quejas y lo reaseguro o a aquél que escucha mis quejas y me reasegura. Confianza, paciencia.
Y, para terminar, a aquél por quien siento miedo de que me abandone.
He aquí el ramillete del amor que les propongo.

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