La mala soledad

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1era parte

Ana María Gómez

Enero 2019


“Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Sólo a través de nuestro amor y amistad podemos crear la ilusión, por un momento, de que no estamos solos

Orson Welles

          Primera pregunta, que ocurre ante el título: ¿es que hay una buena soledad que se opone a la que llamamos “mala”?

          Sí; y veremos sucintamente por qué.

          Mala soledad es aquella que se percibe y se siente ante la necesariedad de la presencia de otro – seres humanos o no humanos y hasta objetos.

          La mala soledad es sentida ante la imperiosa necesidad y la imposibilidad de prescindencia. Lo cual indica que no es la de algo amado sino la de algo necesitado.

          Lo llamaríamos casi un mal extendido propio de nuestra configuración como sociedad, registrar que esa mala soledad es inhibitoria: prohíbe, impide, imposibilita vivir situaciones que sí podrían transcurrir en buena soledad.

          A este punto: ¿qué es la buena  soledad? En realidad no existe por          que cuando alguien está solo y bien, está profundamente acompañado de sí mismo. Nosotros somos nuestra eterna y perenne compañía.

          Aquel que no puede prescindir de otro – ser humano, mascota, objetos – es carente, carente de paz consigo mismo, de registrarse él y su historia sin rencores, sin odios, sin deudas pendientes, sin reclamos y menos sin exigencias ni demandas, sin melancolías de otros tiempos.

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