Elogio de la buena compañía

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Ana María Gómez

3era parte y conclusión

“¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son”.

Calderón de la Barca

“La vida es sueño”

          La buena compañía, ¿ es una ilusión, una fantasía, un anhelo, una ficción o existe en las realidades?

          Por supuesto que sí existe y es, como lo dice el título, elogiable, amable, placentera y siempre bienvenida.

          Pero no cualquier compañía es eso, buena.

          La buena compañía no solventa costos por serlo. Sencillamente se da y se recibe. Los dones del afecto – que la designan – circulan sin demasiadas condiciones.

          La buena compañía se funda en ciertos y elementales acuerdos y consensos mutos.

          Se escucha habitualmente que algunos seres – muchos – no quieren tener, o no pueden desarrollar, actividades solos porque quieren “compartir”. Y nos preguntamos: si compartir es dividir y separar, ¿cómo se comparten tan sencillamente vivencias, emociones, sensaciones?

          Acompañarse bien implica presencia y ausencia porque esta última favorece los re-encuentros, los descubrimientos y el renovar las elecciones.

          Los llamados “Diez Mandamientos”, que rigen múltiples prácticas religiosas, pregonan que amemos al prójimo pero como nos amamos a nosotros mismos.

          Si no partimos de un buen amor, y de una buena compañía, por y de nosotros mismos, ¿qué podríamos brindarle al otro?

          La buena compañía es solidaridad, ayuda, asistencia, afecto, y hasta a veces, cancelación y renuncia pero nunca a los valores e ideales éticos.

          Se puede disentir pero no se debiera caer en la dependencia, en la sumisión, en el sometimiento, porque esto no es compañía, esto es ortopedia y nefasta.

          “No puedo vivir sin ella/él” ¡Sí claro que se puede vivir sin ese semejante si el mismo no nos procura satisfacciones, placeres, buenos momentos, gratificaciones y recíprocamente!. Pero, ¿malos momentos reiterados y extendidos? Entonces no es una buena compañía.

          Elegimos y somos elegidos en función de los espejos – tan borgeanos – y ese prójimo es nuestro propio reflejo.

          ¡Pues es loable que refleje lo bueno de cada uno y en función de  mutuos pactos de respeto!

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