Alejandra Patricia Frias

LAS RANAS Aristófanes PERSONAJES JANTIAS BACO HERACLES UN MUERTO CARONTE CORO DE RANAS CORO DE INICIADOS ÉACO UNA CRIADA DE PROSERPINA DOS TABERNERAS EURÍPIDES ESQUILO HADES [La escena pasa al principio en el camino de Atenas a los Infiernos; después en los Infiernos mismos.] JANTIAS-¿Diré, dueño mío, alguno de esos chistes de cajón que siempre hacen reír a los espectadores? BACO-Di lo que se te antoje, excepto el consabido: “No puedo más”. Pues estoy harto de oírlo. JANTIAS-¿Y algún otro más gracioso? BACO-Con tal que no sea el “estoy hecho pedazos”. JANTIAS-¿Entonces no he de decir ninguna agudeza? BACO-Sí, por cierto, y sin ningún temor. Sólo te prohíbo... JANTIAS-¿Qué? BACO-Decir, al cambiar el hato de hombro, que no puedes aguantar cierta necesidad. JANTIAS-¿Tampoco que si alguno no me alivia de este enorme peso tendré que dar suelta a algún gas? BACO-Nada de eso, te lo suplico: a no ser cuando tengas que vomitar. JANTIAS-No sé entonces qué necesidad había de echarme al hombro esta carga, para no poder hacer ninguna de aquellas cosas tan frecuentes en Frínico , Lucis y Amipsias , que siempre introducen en sus comedias mozos de cordel. BACO-No hagas tal; porque cuando yo me siento entre los espectadores y miro invenciones tan vulgares, envejezco más de un año. JANTIAS-¡Desdichado hombro mío! Sufres y no se te permite hacer reír. BACO-¿No es esto el colmo de la insolencia y de la flojedad? Yo, Baco, hijo del ánfora, voy a pie y me fatigo, mientras le cedo a ese sibarita mi asno para que vaya a su gusto y no tenga nada que llevar. JANTIAS-Pues ¡qué! ¿No llevo yo nada? BACO-¿Cómo has de llevar si eres llevado? JANTIAS-Sí, con este equipaje encima. BACO-¿Cómo? JANTIAS-Que pesa mucho. BACO-¿Pero dejará de llevar el asno lo que tú llevas? JANTIAS-Por Zeus, lo que yo llevo no lo lleva él. BACO-¿Pero cómo puedes llevar nada, siendo llevado por otro? JANTIAS-No lo sé; pero lo cierto es que mi hombro no puede resistir más. BACO-Pues aseguras que el asno no te sirve de nada, cárgate el asno y llévalo a tu vez. JANTIAS-¡Triste de mí! ¿Por qué no estuve en la última batalla naval? Ya me hubieras pagado esa bromita. BACO-Apéate, bribón; voy a llamar a esta puerta, donde tengo que hacer mi primera parada. ¡Esclavo! ¡Eh! ¡Esclavo! . HERACLES-¿Quieres derribar la puerta? Quienquiera que sea, llama como un centauro. Vamos ¿qué ocurre? BACO-¡Jantias! JANTIAS-¿Qué? BACO-¿No has advertido? JANTIAS-¿El qué? BACO-El miedo que le he dado. JANTIAS-¡Bah! tú estás loco. HERACLES-Por Deméter, no puedo contener la risa; por más que me muerdo los labios, me río. BACO-Acércate, amigo mío; te necesito. HERACLES ¡Oh! me es imposible no soltar la carcajada al ver una piel de león debajo de una túnica amarilla. ¿Qué intentas? ¿qué tienen que ver la maza y los coturnos? ¿Por qué país has viajado? BACO-Me embarqué en el Clístenes . HERACLES-¿Y diste una batalla naval? BACO-Ya lo creo, y echamos a pique doce o trece naves enemigas. HERACLES-¿Vosotros? BACO-Por Apolo te lo juro. HERACLES-Y entonces me desperté. BACO-Estaba yo en la nave, leyendo para mí la Andrómeda, cuando de repente se apodera de mi corazón un vivo deseo... HERACLES-¿Un deseo? ¿De qué especie? BACO-Pequeñito, como Molón. HERACLES-¿De una mujer? BACO-No. HERACLES-¿De un muchacho? BACO-Ni por pienso. HERACLES-¿Entonces de un hombre? BACO-Eso es. HERACLES-Como estabas con Clístenes... BACO-No te burles, hermano mío; me siento mal de veras; el tal deseo me martiriza. HERACLES-Pero, hermanito, sepamos cuál es. BACO-No puedo revelártelo, pero te lo daré a entender por medio de un enigma. Di: ¿no te ha asaltado alguna vez un repentino deseo de comer puches? HERACLES-¿De puches? Ya lo creo: mil veces en mi vida. BACO-¿Comprendes bien? ¿o me explico más? HERACLES-Lo que es de los puches no tienes que decir más; lo entiendo perfectamente. BACO-Pues bien, tal es el deseo que me devora por Eurípides... HERACLES-¿Por un muerto? BACO-Y ningún hombre me disuadirá de que vaya a buscarle. HERACLES-¿A los profundos infiernos? BACO-Y más abajo, si es preciso. HERACLES-Pero ¿para qué lo necesitas? BACO-Me hace falta un buen poeta, y no hay ninguno, pues los vivos todos son detestables. HERACLES-¡Cómo! ¿Ha muerto Iofón? BACO-Ése es el único bueno que resta; si es que él es el bueno, pues tengo mis dudas sobre el particular. HERACLES-Ya que tienes absoluta necesidad de sacar algún poeta de los infiernos, ¿por qué no te llevas a Sófocles, que es superior a Eurípides? BACO-No, antes quiero probar a Iofón y ver lo que puede hacer sin Sófocles. Además, como Eurípides es muy astuto, desplegará todos sus ardides para escaparse conmigo, mientras que el otro es tan sencillote allí como aquí . HERACLES-Y Agatón ¿dónde está? BACO-Aquel buen poeta y amigo querido me abandonó y partió. HERACLES-¿Adónde se fue el mísero? BACO-Al banquete de los bienaventurados. HERACLES-¿Y Jenocles? BACO-¡Que el cielo le confunda! HERACLES-¿Y Pitángelo? JANTIAS-¡De mí ni una palabra! y se me está hundiendo el hombro . HERACLES-¿Pero no componen también tragedias otros diez mil mozalbetes infinitamente más habladores que Eurípides? BACO-Ésos son ramillos sin savia, verdaderos poetas-golondrinas, gárrulos e insustanciales, peste del arte, que en cuanto la Musa trágica les concede el más pequeño favor lanzan de una vez todo su talento, y caen extenuados de fatiga. ¡Oh! por mucho que busques, no hallarás uno de esos vates fecundos que seducen con sus magníficas palabras. HERACLES-¿Cómo fecundos? BACO-Sí, fecundos y capaces de inventar estas atrevidas expresiones: “el éter, habitacioncita de Zeus , “el pie del tiempo” , “el corazón no quiere jurar, pero la lengua perjura sin la complicidad del corazón” . HERACLES-¿Y eso te gusta? BACO-Estoy más que loco por ellas. HERACLES-Si son necedades, tú mismo lo conoces. BACO-“No habites en mi espíritu: ya tienes tú tu casa”. HERACLES-Pues todo eso es lo más detestable. BACO-En comer me podrás dar lecciones. JANTIAS-¡De mí ni una palabra! BACO-Escucha ahora la razón de haberme vestido como tú. Es para que me digas, por si tengo necesidad, los huéspedes que te acogieron cuando fuiste a buscar al Cerbero. Indícamelos, y también los puertos, panaderías, lupanares, paradores, posadas, fuentes, caminos, ciudades, figones, y las tabernas donde haya menos chinches. JANTIAS-¡De mí ni una palabra! HERACLES-¿Te atreverás a ir, temerario? BACO-No hables una palabra en contra de mi proyecto; indícame solamente el camino más corto para ir al infierno: un camino que ni sea demasiado caliente ni demasiado frío. JANTIAS-¿Cuál camino te indicaré el primero? ¿Cuál? ¡Ah! éste: coges un b

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