“Esa mujer…Cuestiones en torno al Nombre” Silvia Zambon

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Esa Mujer …. Cuestiones en torno al Nombre
Un cuerpo, que es un cuerpo? diría después el Coronel. Puede llamarse cuerpo un cuerpo muerto de mujer?
Podía ese cuerpo ser llamado cuerpo?
Se ha convertido en una cuestión de Estado: el Presidente de facto dice a su subalterno:
 Muerta esa mujer es todavía más peligrosa que cuando estaba viva. Cada vez que en este país hay un cadáver de por medio, la historia se vuelve loca. Ocúpese de esa mujer Coronel !
 Ocuparme? Pero si ya está muerta.
 Es una orden! Desaparézcala. Conviértala en una muerta como cualquier otra -…
Quién es esta “muerta-viva” de quien se habla? Por qué suscita tanto escozor?
De quienes se ocupan de los muertos ya se sabe: sus familiares. Se realizan los ritos funerarios. Al cadáver, los despojos mortales, los restos, se les da sepultura; una placa inscribe un nombre, fechas de nacimiento y muerte. Se los llora. Luego la muerte hará su trabajo; los familiares su duelo, surgirán recuerdos buenos y/o malos.
En esta escena que acabo de relatar, dada la confusión y la reflexión del coronel, parece ocurrir algo diferente. En principio parecería no haber “restos” a sepultar con un nombre.
De quién se trata? Quién es? Le dicen “esa mujer”, casi parecería que no la quieren nombrar. Les diré, es Eva Perón.
De ella se ha dicho mucho y diverso; algo innegable es que con su solo nombre ya se sabe de quién se habla. Su nombre produce inmediatamente resonancias que llevan a posicionarse, a favor o en contra, reacciones de amor u odio. Aparecen distintos modos de referirse a ella: Santa – Abanderada de los humildes – Puta – Señora – Montonera – Jefa Espiritual de la Nación – Dama de la Esperanza. También se asocian a ella los cabecitas – los grasitas – los desheredados – los descamisados.
Continuemos con esta historia:
Un marido próximo a convertirse en viudo arroja un deseo:
 Quiero que el pueblo la siga viendo tan viva como hasta ahora. Usted es taxidermista.
 Soy conservador de cuerpos. Todas las artes aspiran a la eternidad, pero la mía es la única que convierte la eternidad en algo visible –
Comienza a tomar cuerpo un mito que necesita para ser tal de un cuerpo no barrado por la muerte, sino conservado para ser dado a ver, para sostener una acción que ni la muerte debía dar por terminada. El trabajo en la Fundación debía continuar aún cuando su principal figura ya no estuviera, mas aún negándose casi que había muerto. Se dice que existía el pedido que las cartas se debían seguir enviando a su nombre y eran contestadas con su firma y un: “Evita desde el cielo” o algo similar.
El 26 de julio de 1952 murió Eva Perón, o como hasta hoy se sigue diciendo: “pasó a la inmortalidad a las 20.25 Eva Perón”, después de padecer una penosa enfermedad. De inmediato el Dr. Ara se encargó del cuerpo. En su carrera loca contra la obra de la muerte comenzó a trabajar de inmediato. Horas después dijo: “El cadáver de Eva Perón es ya absoluta y definitivamente incorruptible”.
Lo que vino después fue una historia propia de una novela de ciencia ficción u horror. El cadáver de Eva desató locuras apasionadas en distintos personajes que eran sus “poseedores” de turno: el Dr. Ara (su embalsamador), el coronel Moori Koenig, Su viudo y familiares por diversas circunstancias abandonaron el cadáver. Iniciándose el peregrinaje de este cuerpo que en su incorruptibilidad no tuvo lugar, en lo inmediato, ni para una sepultura. Su nombre tenia un peso y una connotación que así lo determinaba. Estuvo en distintos lugares de Buenos Aires “escondida”, cuando se la trasladó a Italia figuraba con otro nombre: María Maggi de Magistris (pocos sabían el lugar de la tumba y quién era. Su madre falleció sin saber dónde estaba enterrada su hija). Luego fue trasladada a España y finalmente en 1974 traída a la Argentina. A partir de 1976 fue enterrada en la Recoleta en la bóveda de la Familia Duarte.
Se dice que existían un cadáver verdadero y tres copias, todos bajo nombres falsos: Petronila Núñez, 1877- 1910 (su abuela materna); Maria M. de Magaldi; María M. de Maestro y N.N.
Que se intentaba evitar? Se temía que al darle sepultura el lugar se convirtiera en santuario, en un tiempo en que la orden era aniquilar toda memoria del peronismo; en el que estaba prohibido elogiar en público a Perón o Evita, exhibir sus retratos y hasta recordar que habían existido. Olvidos por decreto que recuerdan a otros “decretos” posteriores que aparecieron en la historia de nuestro país.
NOMBRE Y CUERPO. Hasta aquí algo que como una verdad de perogrullo enuncio: la soldadura y causación que implican, hasta tal punto que en una sepultura ese nombre representará a ese resto que allí yace y condensará lo que ese sujeto fue.
En el caso que hoy me ocupa, el destino final de los restos de Eva Perón es una bóveda que lleva un nombre: Familia Duarte. Si bien hay escritores que han dicho que no tiene una tumba con nombre propio y que no hubo un monumento dedicado a ella, pienso que encontró un lugar de filiación por el que luchó durante toda su vida.
El apellido fija la pertenencia simbólica a una familia, inscribe en una genealogía y participa de la constitución subjetiva. Inscripción que en Eva tuvo algo de fallido, deviniendo un intento de inscribirse en cada momento de su vida, marca de un rechazo que porta su nombre y que entra en las distintas escenas donde se representará ella como personaje.
EVA DUARTE
MARIA EVA DUARTE DE PERON
EVA PERON
EVITA
Cualquiera de ellos la identifican, cada uno la representa y representa un momento de su vida:
De “EVA DUARTE” podríamos decir que es una joven artista radicada en Buenos Aires; nacida en Junín el 7 de mayo de 1922, hija de Juana Ibarguren y Juan Duarte, la menor de 5 hermanos.
De “MARIA EVA DUARTE DE PERON” podríamos decir que es la esposa del Coronel Juan Perón, con quien se casó el 22 de octubre de 1945.
De “EVA PERON” podríamos decir que es la primera dama que viaja a Europa en 1947, recibiendo los honores de un Jefe de Estado sin serlo. Es la que realiza su obra en la Fundación que lleva su nombre, donde trabaja por largas horas, atiende a los humildes y les da aquello que piden.
De “EVITA” : el nombre con que pide a sus “descamisados” que la nombren.
Sin embargo, entre todos estos nombres uno queda sin ser dicho: EVA MARIA IBARGUREN. Es éste el que corresponde a su acta de nacimiento. Así se llamaba, aunque su madre la presentaba como Eva Maria Duarte, a los otros y aún frente a si misma de pequeña. Nació en Los Toldos, el 7 de mayo de 1919. Son este nombre, esta fecha y lugar de nacimiento los que va a intentar borrar, cada vez que se presenten, a lo largo de su vida.
Murió antes de que se conociera públicamente este nombre y cuando ya los otros nombres habían quedado grabados; entre ellos Evita aquel que quizás fue el único del que no tuvo dudas, el más genuino.
Eva se forjó su nombre (nombre y apellido), tomó aquel que su madre le dio: Eva María Duarte.
Qué quedaba anudado a su nombre, a ese rechazado por su madre?: Un origen que la nombra ilegitima y adulterina (procedente de adulterio, en sentido figurativo: falso, falsificado), que la remitía a una historia que había que olvidar y mas que eso cancelar.
Juan Duarte, su padre, no le había dado el apellido y fue anotada con el apellido materno. Juan Duarte era un lugarteniente, un caudillo conservador que gustaba de hacer politiqueria. En el campo “La Unión” tenía una familia, la “ilegal”, la formada con Juana Ibarguren. En Chivilcoy la otra familia, la “legal”, reconocida y que lo emparentaba con el intendente de dicha ciudad.
En un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, en aquellos tiempos, era una carga pesada de llevar y de tramitar para una hija que no tenía el derecho de nombrarse como tal, sin que la risa burlona y el señalamiento se desataran.
Entrar en la escuela primaria, casarse, son actos que implican una salida de lo familiar y que ponen a prueba una posición subjetiva, el quién se es, de dónde se viene, el nombre que se porta.
Cuando Eva entró en la escuela primaria su madre al anotarla dijo haber “perdido” la partida de nacimiento, ya la llevaría, “la niña se llama Eva María Duarte”. Un guiño de complicidad, develación de algo a escamotear y ocultar, pudieron haberse registrado en esa escena.
Acto en el que niña y madre quedan ligadas y que marca un derrotero que entrampa en una fidelidad (a su madre) y del que ya sería difícil salir.
Luego es ella la que próxima a casarse fragua su partida de nacimiento y pasa a llamarse sí o sí: Maria Eva Duarte; nacida en Junín (Los Toldos se borra y con ella la ilegalidad) , el 7 de mayo de 1922 (1919 se borra, con ella la condición de adulterina. Esta fecha es posterior a la muerte de la esposa “legal” del padre)
Intentos por inscribir una legalidad en la ilegalidad, de la que parece que no se sale cancelando o borrando. Complicidad con una posición materna convalidándola: ella se convierte en una hija legitima y convierte a su madre en una esposa legitima, todo ello en un mismo acto.
Carmen Llorca dice: “Eva Duarte miraba siempre al futuro porque tenía necesidad de cancelar un pasado que no era obra suya. Pasaba por encima etapas de su vida… ni siquiera tenia la tranquilidad del nombre”.
Cancelar, omitir, falsificar: crearse una procedencia y una historia a través de un nombre hecho casi a medida. Figuras de la desesperación de quien no tiene la tranquilidad del nombre?
En esta línea, cuando su marido asume la presidencia de la República, tendrá que borrar otras huellas: las huellas de su pasado como actriz. Se intentará sacar de circulación grabaciones radiofónicas, películas, fotos publicitarias.
Luego, cuando se presenta su enfermedad, hará un intento fallido por rechazarla. Se dice que cuando el Dr. Finochietto le da el diagnóstico Eva dice: “No tengo nada. Usted lo que quiere es apartarme de la escena política”.
Pero allí encuentra un límite, en lo real de su cuerpo se irán escribiendo los signos de la enfermedad. Cuerpo del que se intentan borrar las huellas del deterioro, al que se lo intenta vestir con ropajes costosos hasta que ya no es posible darlo a ver. Evita pasa los últimos tiempos de su enfermedad aislada, sin ser vista por sus incondicionales descamisados.
Su nombre queda…
 … Algo me intriga -comenta Galarza- esa mujer, el cuerpo. Es una momia no? Para qué la queremos?
 La orden viene de arriba -dice el coronel- El presidente quiere que se la entierre cristianamente.
 A esa yegua -exclama Galarza- . Nos jodió a todos la vida.
 Nos jodió -dice el coronel -. Otros creen que los salvó. Lo mejor es enterrarlo, creo. Con otro nombre, en otro lugar, hasta que desaparezca.

Trabajo presentado en:
AGRUPO INSTITUCION PSICOANALITICA (año 2000)
CONGRESO LACANOAMERICANO DE PSICOANALISIS, Recife Brasil (año 2001).
GRUPOS CLÍNICOS DE BUENOS AIRES (año 2005)

Bibliografía
 Dujovne Ortiz, Alicia “EVA PERON – La biografía”, Editorial Aguilar 1995
 Llorca, Carmen, “Llamadme Evita”, Editorial Planeta 1980
 Martinez, Tomás Eloy, “Santa Evita” – Editorial Planeta 1995;
 Posse, Abel “La Pasión según Eva”, Emece Editores 1995

1 comentario


  1. Acuerdo con que Eva se forjó un nombre y un apellido y me preguntaba precisamente, si el hecho de no tener un lugar físico durante tantos años, no exacerbó la pasión del pueblo en “santificarla”…Felicitaciones por el trabajo Silvia, es muy interesante y abre a muchas preguntas que ya se irán armando para enviarlas nuevamente.Un abrazo

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