Texto y Power Point de la conferencia dictada por Ana María Gómez en el Hospital de agudos José María Penna, el miércoles 30 de abril de 2014 en el marco del seminario que allí se desarrolla sobre “Los pecados capitales: 7 nombres del goce”

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HOSPITAL DE AGUDOS JOSÉ MARÍA PENNA

HOSPITAL DE AGUDOS “JOSÉ MARÍA PENNA”
SERVICIO DE SALUD MENTAL
MIÉRCOLES 30 DE ABRIL DE 2014
“PECADO, MORAL Y EXCESO”
LA LUJURIA
Dra. Ana María Gómez
(2)“Este libro tiene su secreto, pero debo callarlo: está más allá de todas las palabras” George Bataille- “Madame Edwarda”
(3)“Existen, pues, pueblos suficientemente sagaces como para estimar sus placeres más que las insulsas leyes de la población.” Marqués de Sade: “Julieta o El vicio ampliamente recompensado”
(4 Y 5) El Bosco y Broncino
Buenos días y gracias por participar de nuestro encuentro de hoy.
Una breve introducción: en el año 2012 – y por primera vez dentro del territorio del Psicoanálisis – lleve adelante durante 9 meses, y dentro del marco de Grupos Clínicos de Buenos Aires, institución que dirijo y preside Juan David Nasio, el seminario “El Psicoanálisis y los 7 pecados capitales”.
Fue de sumo interés adentrarnos como les decía, por primera vez, en un tema que resultó extraordinariamente ilustrativo.
Hoy y por vuestra invitación vamos a referirnos a la lujuria – uno de los pecados que a Ustedes les ocupa en este momento – y su relación con aquello que decía Freud en “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”
(6)La lujuria es definida por el DRAE como el vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.
O sea, para la lujuria hay transgresión, comisión de un ilícito y, nuevamente, exceso.
(7)Para María Moliner es el deseo sexual exagerado o vicioso. Lascivia. Lo más interesante son sus sinómimos, antónimos y derivados. Revisémoslos: Bestialidad, concupiscencia, erotomanía, furor uterino, incontinencia, lascivia, libídine, ninfomanía, salacidad, sensualidad.
Todo está acorde con que se trata de un vicio.
(8) Se entiende por vicio a una falta o inconveniente que quita valor a una cosa y es, también, el hábito de hacer mal cierta cosa o de hacer cierta cosa mala. Implica una torcedura u otra forma o postura defectuosa que toma una cosa por haber estado sometida prolongadamente a una posición indebida.Y quizá lo màs interesante es un placer censurable o del que se hace uso con exceso.
(9)Como vemos, nuevamente, se apela a lo correcto o incorrecto, a lo moral en tanto quien censura y al exceso, la desmesura.
(10)Veremos, particularmente para la lujuria, que todo es cuestión de medida y esa medida depende según la época y sus patrones morales.

¿Què dice nuestro fiel amigo Dante con respecto a los lujuriosos?
Directamente van al Infierno.
(11) “El infernal torbellino, que no se aplaca jamás, arrebata en su furor los espíritus, los atormenta revolviéndolos y golpeándolos; y cuando llegan al borde del precipicio, se oyen el rechinar de los dientes, los ayes, los lamentos, y las blasfemias que lanzan contra el poder divino. Comprendí que los condenados a aquel tormento eran los pecadores carnales, que someten la razón al apetito.” (12)
(12´, 14 y 15)Francesca de Rimini relata a Dante como ella y su cuñado Paolo cometieron adulterio, y después murieron de manera violenta, en el nombre del Amor, a manos de su esposo, Gianciotto Malatesta. (un episodio esculpido por Auguste Rodin en El Beso). (16)
El relato de Francesca acerca de su drama es una de las páginas màs conmovedoras de toda la Divina Comedia; plena de lirismo y de poética, no exime que Dante califique a ellos de “malefactores carnales”.
Y de eso se trata con la lujuria.
El grave pecado de Paolo y Francesca ha consistido, tal como surge del relato, en haber intercambiado un beso, pero es el triunfo de la voluptuosidad por sobre la razón.
Para Dante Alighieri lujuria era el amor hacia cualquier persona, porque pone a Dios en segundo lugar.
Para entender, entonces, de què estamos hablando con relación a la lujuria, debemos tener en cuenta de què se trata con las diversas concepciones del deseo y del amor a través de los tiempos, de la pasión, el goce y el placer y sobre todo de la pulsión. Todo ello se ha ido modificando fuertemente con el recorrido humano de usos y costumbres. Y hasta es un hecho de discurso, en tanto este hace lazo social.
Hoy mismo, para algunos, hablar de deseo es sólo referirse al deseo sexo genital; no se entiende que hay metáforas y metonimias de este deseo y que todos ellos no concluyen en un acto sexual.
Brevemente, vayamos a la concepción freudiana del deseo que siempre fue más metapsicológica que antropológica.
En alemán se emplea la palabra “Begierde” para definir el apetito, la tendencia ó la concupiscencia
Como veremos, Freud no presta mucha atención a la tradición filosófica, por lo cual no emplea el término “Begierde” sino “Wunsch” que significa voto o anhelo
Como punto de partida para Freud el deseo es la recarga de la huella mnémica.
O sea que el deseo es una moción psíquica y para alcanzar algún grado de satisfacción el deseo tiene que motorizarse tras ese objeto que lo convoca. O sea, que el deseo es fuerza, es movimiento, y todo ello alimentado por la libido.
El deseo no es ciego, está orientado en su búsqueda por esas huellas, marcas, de la percepción del objeto que se han grabado en la memoria, objeto del cual obtuvo una satisfacción que quiere volver a procurarse. Ello ya designa de qué se trata con las elecciones de objeto.
Habida cuenta que se trata, prioritariamente de deseo inconsciente, señalamos una frase freudiana:
(17)“A una corriente de esta índole producida dentro del aparato, que arranca del displacer y apunta al placer la llamamos deseo…”
Diríamos que con el deseo no alcanza: es necesario el Drang de la pulsión.
Para examinar más de cerca este tema tan complejo y rico como el que se refiere a la lujuria
(18)debemos tener en cuenta, al menos, dos parámetros.
a)Que no hay medida que defina los excesos o no de la así llamada lujuria
b)Que esta cuestión se corresponde biunívocamente con los paradigmas culturales de cada época.
Destaquemos lo que dice Freud con respecto a todo esto en el artículo que les he propuesto como central: “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna” y tengamos en cuenta que este texto es del 1908 o sea: hace ciento cuatro años. Y en esos años todo, o casi todo, se ha modificado pero mayormente lo que se refiere a la sexualidad humana.
Sin embargo, veremos que hay allí afirmaciones que están hoy plenamente vigentes.
La primera distinción que refiere Freud , basado en von Ehrenfles es distinguir la moral sexual natural y la cultural.
Pero ya aquí surge el primer interrogante:
(19)si es natural, ¿es moral? ¿Cuál sería la moral natural en tanto que esta se define como una construcción que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia y se la considera como un conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico? Como vemos la moral es una construcción que nada tiene que ver con lo natural y sí con los usos y costumbres que son de cada época.
(20)Se habla, desde Freud, que la moral sexual cultural impone sacrificios y esos sacrificios, que dañan la salud y la energía vital, también pueden ocasionar daños para el fin social. Todo esto se basa en von Ehrenfels quien llega a la conclusión que esa moral hay que reformarla.
(21)Estaríamos según nuestros autores viviendo una doble moral con harto riesgo por el amor por la verdad y a la honradez. Se basa en el ocultamiento y el engaño. Y Freud hace responsable a esto de que cunda lo que en este artículo se llama “nerviosidad”.
Los humanos se imponen metas contra natura que los enferman. Eso es lo que surge claramente de la lectura de “El malestar en la cultura”.
Freud se refiere a las exigencias, cada vez más altas y como ellas conllevan “la totalidad de nuestras energías anímicas”.
(22)“Los nervios agotados, buscan fuerzas en excitantes cada vez más fuertes” y entre esos excitantes, sin ninguna duda, se halla un nuevo modo de vivir la sexualidad.
Y en este punto, Freud hace referencia a “la fiebre de dinero”, citando a Binswanger y Beard, harto conocida también por nosotros.
Pero en realidad la tesis freudiana es que todos estos estragos se reducen frente a las coerciones de la moral sexual cultural que es el factor más importante a tener en cuenta.
(23)Hay para él dos grandes grupos: las neurosis y las psiconeurosis.
Para las neurosis, el problema es la toxicidad y así se comporta la llamada neurastenia. Ella se debe a anormalidades de la vida sexual. Y afirma contundentemente: “Habremos pues, de considerar el factor sexual como el más esencial en la causación de las neurosis propiamente dichas”
¿Cómo se producen estas patologías?
Hace poco alguien relataba, socialmente, acerca de una mujer añosa que no quería caminar. La señora refería que el día que se casó, al entrar en la iglesia en cuestión, le habían fallado las piernas. Pasó mucho tiempo y un día, ya viuda, al cruzar la calle volvieron a fallarle las piernas como en aquel pretérito momento y a partir de allí, por temor a posibles caídas, nunca más quiso caminar.
Casamiento – viudez – vida sexual se enlazan en una serie que, si dicha persona estuviera en análisis, no dejaría de tener algún lugar posible. Es obvio que habría que rastrear allí algo del orden del trauma que se reactivó tanto tiempo después pero que nunca dejó de ser efectivo.
Y Freud hará aquí una salvedad insoslayable:
(24)“Nuestra cultura descansa totalmente – subrayamos, “totalmente” – en la coerción de las pulsiones” Y todo se basa en la renuncia; renuncia a la pulsión en honor del progreso cultural y en la consecución de bienes materiales e ideales.
(25)Y hace entrada aquí el eterno enemigo de la pulsión: las religiones.
Limitaciones progresivas que conllevan el sacrificio y la renuncia como ofrenda a la divinidad. Todo lo que se renuncia tiene el carácter de sagrado.
Hay que reprimir la pulsión y si no se delinque o se cae en pecado. O se está fuera de la ley o se está fuera de las leyes de los dioses de turno, salvo que sean héroes o grandes hombres.
Las pulsiones sexuales tienen la posibilidad el cambiar el fin sexual primitivo por otro: o sea es capaz de sublimar.
Y aquí nos aproximamos a lo que sería para el Psicoanálisis un acercamiento a la idea de lujuria:
(26) Si bien hacemos lugar a la posibilidad de sublimación “…la pulsión sexual es también susceptible de tenaces fijaciones, que lo inutilizan para todo fin cultural y degenerar conduciéndolo a las llamadas anormalidades sexuales.
Por más que alguien sea capaz de sublimación en grado sumo, Freud aclara que es necesaria – él dice imprescindible – cierta medida de satisfacción sexual directa.
(27)”…la pulsión sexual del hombre no tiene originariamente como fin la reproducción sino determinadas formas de la consecución del placer”
Tres grados de cultura, decide laborar Sigmund Freud:
Para la primera la pulsión sexual va más allá de la reproducción
Para la segunda solo es concebible la sexualidad que tiene como fin la reproducción
Y la tercera – vigente en su época para él – “…sólo la reproducción legítima es considera y permitida como fin sexual”
De todos modos hace lugar al hecho que hay personas que tienen una pulsión sexual “exageradamente intensa e indomable”
(28)“Los neuróticos son aquellos hombres que, poseyendo una organización desfavorable, llevan a cabo, bajo el influjo de las exigencias culturales una inhibición aparente y, en el fondo, fracasada de sus pulsiones…”
Y comenta: “Todos aquellos que quieren ser más nobles de lo que su constitución les permite sucumben a la neurosis. Se encontrarían mejor si les hubiera sido posible ser peores”
Así en función de la sexualidad y las pulsiones sexuales, Freud dirá que todo un grupo de individuos se ve constreñido a la prohibición de todo lo que sea calificado como perverso y con amplia libertad para el “comercio sexual considerado como normal”. Divididos entre prohibiciones y libertades todo un grupo es calificado como perverso y otro grupo sucumbe a la neurosis.
Freud alerta que cuanto más fuertes sean las prohibiciones, por ejemplo anulando toda actividad sexual fuera del matrimonio legítimo – 3er grupo de moral sexual cultural – aumentará el número de rebeldes y también aumentará el número de neuróticos.
Y en este punto se plantea una aporía que traduciremos en estos términos:
Lujuria versus abstinencia
La abstinencia es o bien hasta que se consuma el matrimonio o en el caso que no se llegue a ello por toda la vida para los cèlibes
La inmensa mayoría sucumbe a las neurosis.
(29)“Cuanto mayor es la disposición de una persona a la neurosis, peor soporta la abstinencia…”
“…la prohibición eleva considerablemente el valor psíquico de la satisfacción sexual”. Y allì se plantea el problema de la libido estancada.
Entonces, concluye que el incremento de las enfermedades neuróticas procede del aumento de las restricciones sexuales”.
La doble moral implica que la misma sociedad que la promulga no cree en su observancia.
La infidelidad conyugal o el refugio en los síntomas son recursos para paliar el daño.
Llegados a este punto se nos complica severamente, desde y para el Psicoanàlisis, arribar a alguna definición de la lujuria Porque, ¿cuàl es el vicio, el ilícito, el desorden del apetito o la exageración del deseo sexual? ¿Cuàl es, nuevamente, su mensura, hasta què punto es lìcito o no lo es? Es màs, tratándose de pulsiones ¿en què medida ellas se desordenan, se desarreglan, se exageran o reconocen què lìmites?
No es tan sencillo acceder en la clínica a datos relevantes con respecto a la vida sexual de quien consulta. No olvidemos que Freud dirà que los neuróticos tratan con la misma hipocresía las cuestiones relativas al dinero que las referidas a la sexualidad. O sea que da por descontado que en función de què ocurre con la vida sexual, debemos presumir hipocresía.
Sí, podemos dar cuenta desde las memorias del Presidente Schereber, de cómo la lujuria tendría un lugar en la clínica a partir del delirio erotómano:
(30)Lo que se contradice es el objeto de la proposición. “No lo amo a él, la amo a ella” que por proyección, se transforma en “Ella es quien me ama”, con lo cual se instala la posición erotomaníaca.
También debemos hacer lugar a una posibilidad de lujuria que configura la transferencia erótica: desviación, por resistencia al método, de la transferencia amorosa, aquella que hace posible el análisis, y que es un atajo de la transferencia negativa. Aquí lo fundamental es como sostiene cada quien el lugar de analista. Si lo ocupa de pleno derecho será tratado como un obstáculo para el análisis pero no más que cualquier otro. Si el analista desaloja su lugar más que un obstáculo ello hace imposible la prosecución del análisis.
Un autor extraordinario se nos impone en un camino que comenzarìa en Platòn – por poner un inicio cuando en el diálogo sobre el amor, llamado “El banquete” hace lugar a estas definiciones en tanto, Eros, Agape y Philia o su magnìfica recreación de un diálogo entre Sòcrates y Diòtima – y este autor es George Bataille en su obra “El erotismo”.
. (31)Bataille dirà que la especie humana es la única que puede hacer que su actividad sexual sea erótica. Y será erótico todo aquello que no conduzca necesariamente a la procreación.
Pero no todo acto sexual es erótico ni todo lo que conlleva procreación deja de serlo.
Dirà:
(32)“El erotismo està del lado de la pasión y su materia es el cuerpo” tratándose para el erotismo del placer y displacer, de una aventura, de un desafío que excede los cuerpos.
Vida y muerte están presentes en el campo de la erótica.
(33)Si hay algo a lo que apuesta y propone el erotismo, según Bataille, es a la continuidad en tanto constitucionalmente somos discontinuos El deseo de morir con el otro, fusionados como decía alguien de su fantasías sexuales y mortíferas: “Lo mejor sería morir en la horqueta” – refiriéndose al acto sexual. La paradoja es que cuando se le diagnóstico una patología coronaria de riesgo lo primero que abolió fue la sexualidad.
(34)Pero además de los cuerpos, Bataille hace lugar a otros erotismos: el de los cuerpos, el de los corazones y el erotismo religioso.
¿Cuál sería en estos entramados el lugar de la lujuria? ¿No será que cierta lujuria se torna indispensable y por tanto fue nominada como pecado?
La búsqueda de continuidad, de perpetuación, de fusión, se halla presente en la fantasía de “terminar juntos” donde la pregunta es: ¿terminar qué, con qué?
(35)Según el autor los amores, aún los más castos, comparten desfallecimiento, angustia de muerte y conllevan un coqueteo – la palabra es nuestra – con los límites del ser.
Pero hay prohibición: el mundo del trabajo hace – y esto es fundamental – que se establezca la prohibición sobre la erótica y sobre el mundo de los muertos.
(36)Muerte – sexualidad – violencia son una tríada siempre presente. Esta violencia va en contra de “orden y progreso”, lema de Comte.
Lujuria, como lo sabemos, es desmesura y descontrol y por tanto atenta contra la paz y el orden. Se convierte en pecado.
Retomemos a Dante: el único amor posible y permitido es el amor a dios.
(37)Hay una contracara del erotismo muy claro y presente en nuestra clínica: la vergüenza y el pudor.
(38)Ambos son incitaciones eróticas veladas. Freud fue muy claro: nos avergonzamos ante nuestra propia desnudez. Pero esta no es solo la desnudez de los cuerpos – por algo los genitales eran llamados “las vergüenzas” y esto tiene su fundamento bíblico y la hoja de parra oculta esas zonas vergonzantes: es la desnudez de nuestros deseos.
(39)La vergüenza y el pudor ocultan; la erótica y la obscenidad desnudan. En estos últimos lo privado, lo íntimo, se hacen público, se muestran, se exhiben.
Lo obsceno, en su brutal verdad, connota la angustia – basta para ello ver “Saló” de Pasolini. Y Freud lo tuvo en cuenta en tanto lo siniestro: lo tan familiar como extraño. Sin ninguna duda, lo que no debe estar y aparece.
No hay nada vergonzante en sí mismo en cierta y determinada parte del cuerpo; pero hay una legalidad en tanto ocultarlas y no hacerlo supone la exhibición que conlleva la lujuria. Ese exceso pecaminoso y prohibido. Entonces: se transgrede perpetuamente. Hasta se llega a decir de alguien que murió “en olor de castidad”, olor que, obviamente desconocemos.
(40)El matrimonio – y recordemos lo que propone Freud con relación a la moral cultural de doble discurso imperante – debe ser apolíneo. Todo exceso dionisíaco es disruptivo y agrede a la moral y las buenas costumbres.
Sencillamente una postura erótica posible, como cualquier otra, es llamada “more ferarum” al modo de las fieras o las bestias, connotando la animalidad.
Hace lugar Bataille a un erotismo orgiástico en tanto opuesto a la fiesta – elemental para balancear el mundo del trabajo. Este erotismo amenaza la vida, en tanto “contagia el furor”. Recordemos a Dionisos y más acá las bacanales. Vértigo, inconsciencia, pulsión al desnudo. Hay fusión aunque sea momentánea y en la orgía se compromete la totalidad del ser.
(41)Bataille hace una contraposición fundamental:
Mundo del trabajo organizado, racional y previsible
Mundo orgiástico (lujuria pura) caótico, desordenado, erótico, violento, desmedido y también sagrado
(42)Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿Cuál es el objeto del erotismo? Nos respondemos inmediatamente: en tanto objeto de la pulsión puede ser cualquiera y de ello dan cuenta los recubrimientos libidinales de los objetos fetiches. Pero no es así para el deseo que “elige” en función de las huellas de memoria. Entonces: el deseo decide, la pulsión, a partir de su Drang, motoriza
(43)El objeto del deseo, aunque esto sea absolutamente aleatorio y relativo, tiene que ver con la belleza y esta, según Bataille, con aquello que más se aleja de la animalidad. Y aquí se inscribe algo de la profanación: la castidad, la pureza, la abstinencia, la inocencia son valores que, en algunos casos, convocan a la lujuria.
Basta para ello con leer las diversas versiones de don Juan o Casanova o el mismo Sade.
“Don Juan – dirá Lacan en su seminario acerca de “Las relaciones de objeto “ – no se confunde pura y simplemente, ni mucho menos, con el seductor en posesión de pequeños trucos efectivos en toda ocasión. Creo que Don Juan ama a las mujeres, incluso diría que las ama lo bastante como para saber, dado el caso, no decírselo, y que las ama lo bastante como para que, cuando se lo dice, ellas le crean.”
“¿Acaso no se ve que lo esencial en el mito femenino de Don Juan es que las posee una por una?” Y diríamos con la suma de una más una pretende la completud de La Mujer que para él sí existiría donde se convoca el fantasma de la mujer fálica.
Ellos, sobre todo Casanova, era considerado un libertino: o sea que faltaba el respeto y se excedía en términos de producir escándalo con su desenfreno, desvergüenza, mal ejemplo lo cual a su vez, provocaba asombro, pasmo y admiración.
(44)Freud fue el primero en atribuir a los genitales una visión que concitaba excitación pero no eran vistos como bellos en sí mismos. Y esto es lo que denotan sus escritos tanto de “La cabeza de Medusa” como “Un paralelo mitológico a una representación obsesiva plástica”.
Sobre todo la imagen de Baubo:”…en verdad nunca podemos hacer bellos a los genitales mismos cuya vista provoca la más poderosa excitación sexual”.
Entonces, lo erótico – obviamente componente central de la lujuria – nos coloca en otro plano que la animalidad porque solo el hombre del y en el lenguaje, es capaz de él. De ello dan prueba las llamadas por Lacan “jaculatorias del amor”:
“En el lugar donde el objeto indecible es rechazado en lo real, se deja oír una palabra, por el hecho de que, ocupando el lugar de lo que no tiene nombre, …reuniéndose en su opacidad con las jaculatorias del amor, cuando, ante la escasez del significante para llamar al objeto de su epitalamio, usa para ello del expediente de lo imaginario más crudo “Te como … – ¡Bombón!”, “Te desmayas … – ¡Ratoncito!”
Para concluir con Bataille que nos ha dado la posibilidad de muchas de nuestras reflexiones sobre el tema de
(45)la lujuria, digamos que ésta es una cuestión de límites: el fuera de límites, el exceso, la desmesura, la hybris, connotan la violencia. Por algo la visión de la escena primaria siempre connota violencia.
(46)En la lujuria el juego es rozar los límites de la muerte en el orgasmo, “la pequeña muerte” “la muerte dulce”, “la bella agonía”,
La erótica, el erotismo, es una puesta a prueba de los límites que imponen lo social. Por algo ya está en las llamadas Tablas de la Ley: los Diez Mandamientos – que no son diez: “No cometerás adulterio”. Y “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”
Y la pregunta es: ¿algún hombre o alguna mujer son “del prójimo” por definición? Sí, de acuerdo a las leyes, normas y pactos. Y desde esta perspectiva, y desde que nacemos, somos del prójimo. Pero, Levi Strauss mediante, las mujeres circulan y desde Freud estamos practicando la exogamia.
(47)Bataille dirá: “¡Qué bueno es permanecer en el deseo de excederse sin ir hasta el extremo, sin dar el paso!”
Los amantes de Marienbad sí dan el paso y llevados por el deseo de fusión, se matan juntos.
(48)El erotismo puede ser una ventana abierta al goce que se abre cada vez más llevados por la lujuria. El placer, pantalla contra el goce, es aquello capaz de controlarlo.
Sí de pulsión de vida se trata, el erotismo, sin revestimientos lujuriosos extremos, pondrá en palabras el placer; la pulsión de muerte impulsará los límites hacia el goce como hace Sade por ejemplo en “La filosofía del tocador” o Pasolini en “Saló”. De eso, no se habla.
Fue el divino Marqués quien dijo:
(49)“La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza.”
(50,51,52,53,54)
(55)¡Muchas gracias!

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