Paralelo Mitologico

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UN PARALELO MITOLÓGICO A UNA IMAGEN OBSESIVA PLÁSTICA
Sigmund Freud
1916

EN uno de mis pacientes, sujeto de veintiún años aproximadamente, los productos de la actividad psíquica inconsciente se hacen conscientes no sólo como ideas obsesivas, sino también como imágenes obsesivas. Unas y otras pueden surgir de consuno o independientes entre sí. Durante cierto período surgieron en él, íntimamente enlazadas, siempre que su padre entraba a verle, una palabra obsesiva y una imagen obsesiva. La palabra era Vaterarsch (ano del padre), y la imagen concomitante representaba al padre bajo la forma de medio cuerpo desnudo (vientre y piernas), provisto de brazos. La imagen carecía de cabeza y de tronco y no mostraba tampoco indicados los genitales, pero los rasgos fisonómicos del padre aparecían dibujados sobre el vientre.
Para la explicación de este producto sintomático, más absurdo de lo corriente, ha de observarse que el sujeto, persona de acabado desarrollo intelectual y elevadas aspiraciones éticas, había manifestado, hasta más allá de sus diez años, y en formas muy diversas, un intenso erotismo anal. Una vez dominado éste, la lucha posterior contra el erotismo genital retrajo su vida sexual al estadio preliminar anal. El sujeto quería y respetaba mucho a su padre y le temía otro tanto. Pero desde el punto de vista de sus elevadas aspiraciones al sometimiento de los instintos y a la ascesis le consideraba como un típico representante de la «avidez», del ansia de placeres puramente materiales.
La palabra Vaterarsch (ano del padre) no tardó en explicarse como una germinación caprichosa del honroso título de patriarca (Patriarch). La imagen obsesiva es evidentemente una caricatura. Recuerda otras representaciones que sustituyen, con intención peyorativa, la totalidad de una persona por un único órgano (los genitales, por ejemplo), y evoca también ciertas fantasías inconscientes que conducen a la identificación de los genitales con el resto de la persona, así como determinadas maneras de decir, tales como «soy todo oídos».
La disposición de los rasgos fisonómicos en el vientre me pareció, al principio, singularmente extraña. Pero no tardé en recordar haber visto algo semejante en una caricatura francesa.
La casualidad me ha hecho luego conocer una representación antigua que coincide plenamente con la imagen obsesiva de mi paciente.
Según la leyenda griega, Demeter, cuando llegó a Eleusis en busca de su hija, que le había sido robada, halló acogida en casa de Dyraules y de Baubo, su esposa; pero, poseída de honda tristeza, se negó a tomar alimento alguno.
Entonces Baubo consiguió hacerla reír alzándose de repente los vestidos y descubriendo su cuerpo. La discusión de esta anécdota, destinada, sin duda, a ilustrar un ceremonial mágico cuyo sentido se ha perdido ya, figura en el tomo IV de la obra de Salomón Reinach Cultes, mythes et religions, 1912. En este mismo lugar se menciona también que en las excavaciones de la ciudad de Priene (Asia Menor) se han hallado unas terracotas que reproducen la figura de Baubo. Tales figuras muestran un cuerpo femenino sin cabeza ni pecho y con una cara en el vientre.
Los vestidos levantados encuadran la cara como una corona de cabellos (S. Reinach, l. c., pág.117.)

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